El eje intestino-cerebro: de las sensaciones cotidianas a una interfaz central para la salud
El eje intestino-cerebro: de las sensaciones cotidianas a una interfaz central para la salud

La mayoría de las personas ha sentido el eje intestino-cerebro sin haberle puesto nunca ese nombre. Sientes mariposas en el estómago antes de hablar en público. Pierdes el apetito durante una semana estresante. Varias noches de mal descanso te dejan molestias digestivas y una especie de niebla mental apagada. No son hechos aleatorios. Son ejemplos de comunicación entre el cuerpo y el cerebro.
En los últimos años, esta experiencia cotidiana se ha situado en el centro de la investigación biomédica. Una revisión de 2026 publicada en Chinese Medical Journal describe el eje intestino-cerebro como una red de comunicación compleja y bidireccional que integra vías neuronales, endocrinas, inmunitarias y metabólicas para mantener la homeostasis y el equilibrio fisiológico y cognitivo. También destaca metabolitos microbianos como los ácidos grasos de cadena corta, los metabolitos del triptófano y los ácidos biliares como mediadores importantes de los efectos relacionados con el cerebro.
Una revisión de 2025 publicada en Physiology plantea una idea similar desde la perspectiva de la enfermedad. Sostiene que la desregulación del eje intestino-cerebro es relevante no solo para las afecciones gastrointestinales, sino también para los trastornos neuropsiquiátricos, neurodegenerativos y del neurodesarrollo, así como para las alteraciones de la regulación emocional, la cognición y las condiciones relacionadas con la alimentación. En otras palabras, el eje intestino-cerebro no es un concepto minoritario dentro de la digestión. Cada vez se considera más una interfaz importante para la salud de todo el organismo.
En ZenoWell, la salud suele plantearse a través de cinco pilares de la longevidad: sueño, regulación del estrés, nutrición, movimiento y conexión. La conexión no se refiere únicamente a la relación que tenemos con nosotros mismos o con otras personas. También incluye las formas en las que el cuerpo y el cerebro mantienen su diálogo. El eje intestino-cerebro se encuentra en el centro de esa relación. Es uno de los ejemplos más claros de cómo la conexión interna influye en la energía, el estado de ánimo, la resiliencia y el funcionamiento diario.
Este artículo explica qué es el eje intestino-cerebro, cómo funciona, por qué puede ser relevante para el estrés, el estado de ánimo, la cognición, el sueño y la digestión, y cómo puede apoyarse en la vida diaria. Desde el principio conviene dejar clara una limitación: apoyar el eje intestino-cerebro no equivale a tratar una enfermedad digestiva, una afección neurológica o un trastorno de salud mental. Los síntomas persistentes siguen necesitando una evaluación médica o de salud mental adecuada.
¿Qué es el eje intestino-cerebro?

El eje intestino-cerebro es el sistema de comunicación bidireccional entre el tubo digestivo y el cerebro. Permite que el intestino envíe información al cerebro y que el cerebro devuelva señales al intestino. Este sistema abarca mucho más que la digestión. Incluye el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el microbioma intestinal, el sistema endocrino, el sistema inmunitario y una amplia variedad de neurotransmisores y metabolitos.
Por eso las personas suelen experimentar el eje intestino-cerebro en la vida cotidiana sin pensar en términos científicos. Un presentimiento visceral, las náuseas durante la ansiedad, los cambios de apetito con el estrés y una sensación de pesadez mental durante el malestar físico son ejemplos de esta comunicación bidireccional. El intestino no es solo un tubo digestivo pasivo. El cerebro no es únicamente un centro de mando aislado. Ambos mantienen un diálogo continuo.
¿Cómo funciona el eje intestino-cerebro?
El eje intestino-cerebro funciona mediante varias vías que se solapan. Estas vías son neuronales, endocrinas, inmunitarias y metabólicas. Ninguna vía por sí sola explica todo el sistema, y precisamente por eso el eje es tan importante. Conecta diferentes niveles de la fisiología en lugar de depender de un único mecanismo.
El sistema nervioso entérico
Una parte de esta red es el sistema nervioso entérico, al que a menudo se llama el segundo cerebro del intestino. Es una densa red nerviosa integrada en la pared del tubo digestivo. Ayuda a coordinar la motilidad intestinal, la secreción, el flujo sanguíneo y los reflejos locales. Puede realizar localmente una cantidad sorprendente de estas funciones, aunque también se comunica con el sistema nervioso central. Esta es una de las razones por las que la digestión puede cambiar tan rápido durante el estrés, la ansiedad o el alivio.
El nervio vago
Otra parte es el nervio vago, que transporta información sensorial desde el intestino y otros órganos hacia el cerebro y ayuda a enviar señales reguladoras de vuelta hacia el cuerpo. El vago no es un cable unidireccional. Es un nervio mixto y la mayoría de sus fibras son aferentes, lo que significa que envían información desde el cuerpo hacia el cerebro. Estas fibras aferentes transmiten al tronco encefálico, especialmente al núcleo del tracto solitario, señales sobre el estiramiento, los nutrientes, el estado inflamatorio, los metabolitos microbianos y moléculas procedentes del intestino, como las señales relacionadas con la serotonina. Desde allí, la información se integra en redes más amplias relacionadas con la regulación autónoma, la interocepción, el estado de ánimo, la respuesta al estrés y el estado conductual. En otras palabras, el cerebro recibe constantemente información sobre la situación interna del cuerpo, y el nervio vago es uno de los principales canales por los que llegan esas actualizaciones.
La parte eferente del nervio vago funciona en la dirección contraria. Estas fibras transportan señales parasimpáticas desde los núcleos del tronco encefálico hacia el corazón, los pulmones y el tubo digestivo. Por esta vía, el cerebro puede reducir la frecuencia cardíaca, modular la respiración, apoyar la motilidad y la secreción digestivas e influir en el tono inflamatorio. Esta es una de las razones por las que el nervio vago se menciona con tanta frecuencia en relación con la recuperación y la regulación. No se limita a relajar el cuerpo de forma imprecisa. Ayuda a coordinar un estado en el que la digestión, el descanso y la conservación de energía son más posibles. Dentro del eje intestino-cerebro, el nervio vago actúa tanto como informador sensorial como vía reguladora. Ayuda al cuerpo a informar al cerebro y al cerebro a ajustar el entorno interno en respuesta.
Esto importa porque la señalización vagal se encuentra en la intersección de varias vías del eje intestino-cerebro al mismo tiempo. No solo está influida por señales mecánicas del intestino, sino también por metabolitos microbianos, actividad inmunitaria y señales endocrinas. Por tanto, el nervio vago no es todo el eje intestino-cerebro, pero sí uno de sus puentes más importantes. Conecta la vida sensorial interna del cuerpo con sistemas cerebrales relacionados con la atención, el estrés, las emociones y la homeostasis.
Eje intestino-cerebro, nervio vago y sensación de seguridad
Uno de los aspectos más importantes, y a menudo ignorados, del eje intestino-cerebro es su participación en la sensación interna de seguridad del cuerpo. El nervio vago no solo transporta información mecánica o química desde el intestino hacia el cerebro. También ayuda a comunicar si el cuerpo se siente amenazado o tranquilo. Cuando las señales vagales aferentes reflejan una respiración estable, ritmos intestinales regulares y una química interna equilibrada, los circuitos cerebrales implicados en la interocepción y el control autónomo tienen más probabilidades de interpretar que el cuerpo se encuentra en un estado lo bastante seguro como para permitir descanso, digestión y pensamiento flexible. Cuando esas señales reflejan estrés crónico, sueño alterado, carga inflamatoria o perturbación persistente, los mismos circuitos pueden mantener al cuerpo más cerca de un estado defensivo y de hipervigilancia.
En la práctica, esto significa que la comunicación intestino-cerebro y el tono vagal forman parte de la base de la seguridad sentida. Ayudan a determinar si el sistema nervioso puede salir de la vigilancia constante y entrar en una calma más profunda. Apoyar el eje intestino-cerebro no consiste únicamente en ocuparse de la digestión o del estado de ánimo por separado. También consiste en ofrecer al cuerpo más oportunidades de experimentar condiciones internas que permitan la seguridad, la conexión y la recuperación.
El microbioma intestinal
El microbioma intestinal es la comunidad de microorganismos que vive principalmente en los intestinos. Estos microbios ayudan a descomponer los alimentos, producir metabolitos, interactuar con el sistema inmunitario e influir en la función de la barrera intestinal. Las revisiones describen los ácidos grasos de cadena corta, los metabolitos del triptófano, los ácidos biliares y otros compuestos neuroactivos como partes importantes de la comunicación microbiota-intestino-cerebro. Estas señales pueden afectar la función cerebral mediante vías inmunitarias y endocrinas, señalización vagal y efectos metabólicos más amplios.
Esta es una de las razones por las que el microbioma ha adquirido tanta importancia en la conversación sobre el eje intestino-cerebro. Al mismo tiempo, es importante mantener una perspectiva realista. Los estudios en animales han sido fundamentales para desarrollar este campo, pero no todos sus resultados se trasladan directamente a los seres humanos. Los efectos de los probióticos dependen de la cepa y de la persona, y ningún suplemento puede presentarse como una respuesta universal para el eje intestino-cerebro.
Hormonas y eje HPA
El sistema endocrino es otra parte importante del eje. El eje HPA, que gobierna la respuesta central al estrés, libera hormonas como el cortisol que pueden modificar la motilidad intestinal, la secreción, el flujo sanguíneo y la permeabilidad. Por tanto, el estrés puede remodelar el entorno digestivo con rapidez y, en ocasiones, de forma marcada. Al mismo tiempo, las señales procedentes del intestino pueden retroalimentar los circuitos cerebrales del estrés e influir en el estado de ánimo, la energía y el estado emocional. Esta es una de las razones por las que la relación entre el estrés crónico y los síntomas digestivos suele ser tan estrecha.
Señales inmunitarias e inflamatorias
El intestino también es una de las mayores interfaces inmunitarias del organismo. Los microbios intestinales, la dieta y la integridad de la barrera influyen en las señales inmunitarias. A su vez, los mediadores inmunitarios pueden afectar al cerebro, incluidos los sistemas relacionados con el estado de ánimo, la cognición, la sensibilidad al dolor y la neuroinflamación. Las revisiones recientes destacan que las vías inmunitarias e inflamatorias no son aspectos secundarios del eje intestino-cerebro. Son centrales para comprender cómo los cambios intestinales adquieren relevancia cerebral y cómo los trastornos relacionados con el cerebro también pueden tener un componente intestinal.
Por qué importa el eje intestino-cerebro

El eje intestino-cerebro importa porque su influencia va más allá de la digestión. Puede influir o estar asociado con la respuesta al estrés, la regulación emocional, el sueño, el apetito, los antojos, la cognición, la sensibilidad al dolor, la salud metabólica y el equilibrio inflamatorio. También se estudia en relación con la depresión, la ansiedad, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer y otras afecciones neurológicas o neuropsiquiátricas.
La forma de expresarlo importa. El eje intestino-cerebro puede influir en estas áreas y se está estudiando en relación con ellas, pero esto no equivale a afirmar que cause o cure directamente una enfermedad concreta. Las revisiones rigurosas suelen ser prudentes. Señalan una fuerte plausibilidad mecanística y una relevancia clínica creciente, pero también subrayan que la traducción a tratamientos todavía requiere mejores datos en humanos, mejores biomarcadores e intervenciones más precisas.
Para la vida cotidiana, el mensaje es más sencillo. El eje intestino-cerebro es una de las formas en las que el cuerpo convierte la experiencia en fisiología y la fisiología de nuevo en experiencia. Por eso el estrés digestivo puede sentirse emocional y el estrés emocional puede sentirse en la digestión.
El papel del microbioma en el eje intestino-cerebro
El microbioma merece especial atención porque es una de las partes más estudiadas del eje intestino-cerebro. Los microbios intestinales ayudan a procesar los alimentos y producen compuestos que pueden afectar la comunicación entre el intestino y el cerebro. Entre ellos se encuentran los ácidos grasos de cadena corta, los compuestos relacionados con neurotransmisores, las hormonas intestinales, las señales inmunitarias y los mediadores inflamatorios. Las revisiones también describen el microbioma como una influencia importante sobre la integridad de la barrera intestinal y el equilibrio inmunitario, factores que pueden modificar la forma en la que el cerebro percibe las señales internas.
La diversidad del microbioma suele considerarse un indicador de la resiliencia del ecosistema. Una comunidad microbiana más diversa se considera generalmente más adaptable, mientras que la disbiosis se ha asociado con trastornos del estado de ánimo, cambios cognitivos, neuroinflamación y enfermedades neurodegenerativas tanto en investigación preclínica como en estudios humanos emergentes. Aun así, este es un campo activo y en desarrollo. No todos los resultados son consistentes, muchos estudios muestran asociaciones y las respuestas individuales varían mucho.
Por eso es importante adoptar una perspectiva de bienestar prudente. Apoyar el microbioma puede ser valioso, pero debe plantearse como un cuidado del ecosistema a largo plazo, no como una solución rápida ni como una respuesta basada en un único producto.
Eje intestino-cerebro, estado de ánimo, estrés y cognición
El eje intestino-cerebro se estudia cada vez más en el contexto del estado de ánimo, la ansiedad, la depresión, el rendimiento cognitivo y la niebla mental. Las revisiones sobre trastornos de ansiedad describen el eje microbiota-intestino-cerebro como un sistema bidireccional que implica vías neuronales, endocrinas e inmunitarias, con evidencia creciente de que puede desempeñar un papel tanto en el desarrollo como en la progresión de las afecciones relacionadas con la ansiedad.
El estrés es una de las formas más claras en las que esta relación aparece en la vida diaria. El estrés agudo puede cambiar el apetito, la motilidad y la sensibilidad intestinal. El estrés crónico puede influir en la composición del microbioma, el tono inmunitario, la función de la barrera y la actividad del eje HPA. En la otra dirección, las señales procedentes del intestino pueden influir en la sensibilidad al estrés, el estado motivacional, el tono emocional y la claridad cognitiva. Esto no significa que los cambios intestinales por sí solos expliquen los trastornos de salud mental, pero sí que el entorno interno del cuerpo puede modificar cómo se experimentan.
La interocepción también es relevante. El cerebro utiliza las señales internas del cuerpo para construir una idea del estado en el que se encuentra. Si la señalización intestinal está alterada, el tono inmunitario está elevado, el sueño es deficiente o el estrés se mantiene crónicamente alto, el cerebro puede interpretar que el cuerpo está alterado o inseguro. Esto puede influir en el estado de ánimo, la atención y la claridad mental percibida.
Por tanto, apoyar la salud intestinal puede ser una parte del apoyo al bienestar mental. No debe sustituir el tratamiento de salud mental, pero puede formar parte de una visión más amplia.
Eje intestino-cerebro y salud digestiva
La función digestiva es una parte visible de la comunicación intestino-cerebro. Las personas suelen notar mariposas en el estómago antes de un acontecimiento importante, náuseas durante la ansiedad o cambios intestinales en periodos de mucho estrés. En trastornos digestivos funcionales como el síndrome del intestino irritable, la participación intestino-cerebro se menciona con frecuencia porque las señales normales pueden amplificarse, las respuestas al estrés pueden aumentar la sensibilidad intestinal y el cerebro y el intestino pueden reforzar mutuamente su reactividad.
Esto no significa que los síntomas sean imaginarios. Significa que forman parte de un sistema de comunicación real. Los síntomas digestivos persistentes siguen necesitando una evaluación médica, pero la perspectiva intestino-cerebro puede ayudar a explicar por qué un mismo patrón de síntomas suele verse afectado por el estrés, el sueño y el estado emocional.
Cómo apoyar el eje intestino-cerebro en la vida diaria


Apoyar el eje intestino-cerebro suele significar apoyar varios sistemas a la vez. No se trata de un único truco ni de un solo suplemento. Se parece más al cuidado de un ecosistema.
Una dieta rica en variedad vegetal, fibra y alimentos integrales puede favorecer la diversidad del microbioma y la producción de metabolitos útiles. Los alimentos fermentados también pueden resultar útiles para algunas personas si se toleran bien. Las revisiones recientes señalan la fibra, los polifenoles y los alimentos fermentados como influencias dietéticas importantes sobre la composición y la función microbianas.
La regulación del estrés importa porque la dirección cerebro-intestino del eje es potente. La respiración lenta, la atención plena, el tiempo al aire libre, la terapia cuando sea necesaria y pequeñas prácticas diarias de recuperación pueden ayudar al cuerpo a salir de la hiperactivación crónica y reducir parte de la carga que soporta la comunicación intestino-cerebro.
El sueño es otro apoyo fundamental. Dormir mal puede afectar las hormonas del estrés, el equilibrio inmunitario, la salud metabólica y la estabilidad digestiva percibida. Un horario de sueño y vigilia más regular y una rutina nocturna sencilla pueden apoyar el entorno general en el que se produce la señalización intestino-cerebro.
El movimiento regular también ayuda. Caminar, estirar, practicar yoga y hacer ejercicio moderado pueden apoyar la digestión, el estado de ánimo, el sueño y la resiliencia frente al estrés. Como sucede con la mayoría de las medidas de este ámbito, el efecto es acumulativo y no instantáneo.
Cuando los síntomas persisten, terapias como la TCC, la hipnoterapia dirigida al intestino, el entrenamiento de relajación y el biofeedback pueden ayudar a algunas personas con síntomas funcionales del eje intestino-cerebro. Esto no significa que los síntomas no sean reales. Significa que estas terapias se dirigen a patrones de comunicación, reactividad al estrés y amplificación de los síntomas dentro de un sistema fisiológico real.
Algunas personas también se benefician de una rutina estructurada de apoyo al sistema nervioso para la relajación, la meditación, la preparación del sueño y la recuperación. En este contexto, ZenoWell Luna puede encajar como herramienta de bienestar no invasiva para la oreja. Sus modos Sleep, Relax, Medit y Relief están diseñados para rutinas centradas en la relajación. No debe describirse como tratamiento para trastornos del eje intestino-cerebro, ansiedad, depresión, SII, enfermedades neurológicas, COVID persistente, desequilibrios del microbioma o enfermedades digestivas. Dentro de una rutina más amplia que incluya sueño, movimiento, nutrición, gestión del estrés y atención profesional cuando sea necesaria, puede servir como un elemento de apoyo para la regulación diaria.
¿Se puede restablecer o sanar el eje intestino-cerebro?
El eje intestino-cerebro no es un interruptor que pueda reiniciarse de la noche a la mañana. Es una red de comunicación continua moldeada por el sueño, la dieta, el movimiento, el estrés, la diversidad microbiana, el estado inmunitario y las condiciones generales de la vida diaria.
Una forma más útil de entenderlo es pensar en resiliencia, no en perfección. Desde una perspectiva estoica, el primer paso consiste en conocernos a nosotros mismos. En este contexto, significa aprender a observar las formas concretas en las que el cuerpo y el cerebro responden bajo presión. Algunas personas pierden el apetito cuando están estresadas. Otras se estriñen. Algunas se sienten aceleradas, inflamadas y mentalmente nubladas. Otras observan que una sola mala noche afecta tanto la digestión como el estado de ánimo al día siguiente. El objetivo no es controlar todas las señales. El objetivo es observar con suficiente claridad para responder a lo que realmente ocurre en nuestro propio sistema y, después, trabajar con aquello que sigue estando bajo nuestro control. Este tipo de autoconocimiento puede hacer que el eje intestino-cerebro sea más resiliente frente a los cambios internos y externos.
Esta es también la razón por la que importan las pequeñas prácticas diarias. Existe una tendencia a buscar reinicios drásticos, pero el eje intestino-cerebro está moldeado tanto por conductas repetidas de uno o dos minutos como por grandes intervenciones.
- Una breve práctica de respiración antes de comer puede ralentizar el sistema lo suficiente como para apoyar la digestión.
- Una exploración breve del cuerpo o de las sensaciones viscerales puede devolver la atención al estado interno en lugar de mantenerla en la sobrecarga mental.
- Apoyar una mano sobre el abdomen durante un minuto puede aumentar la conciencia interoceptiva y suavizar la tensión defensiva.
- Masticar un poco más despacio, por ejemplo pasar de tres a seis masticaciones antes de tragar, puede cambiar el ritmo de la comida y las señales que recibe el intestino.
- Hacer una pausa antes del café para observar el hambre, la saciedad y el nivel de estrés puede mejorar la forma en que el cuerpo gestiona la estimulación.
- Salir unos minutos a recibir luz por la mañana puede apoyar el ritmo circadiano, que a su vez favorece la sincronización intestino-cerebro.
- Una breve rutina nocturna, algunas exhalaciones más lentas o un momento de quietud consciente antes de dormir pueden parecer pequeños, pero son precisamente este tipo de conductas alcanzables las que ayudan al eje a adaptarse mejor con el tiempo.
- … y muchas otras prácticas.
Por eso el lenguaje de las soluciones rápidas suele ser engañoso. Es poco probable que sanes el eje intestino-cerebro en un fin de semana o que lo reinicies con un solo suplemento. Lo que sí puedes hacer es apoyarlo con el tiempo. Los hábitos repetidos importan. Los alimentos ricos en fibra importan. Un sueño constante importa. La regulación del estrés importa. El movimiento importa. La atención médica y de salud mental importa cuando los síntomas persisten.
Puede que esto resulte menos emocionante que un protocolo milagroso, pero se aproxima más al funcionamiento de la fisiología. El eje intestino-cerebro se parece más a una relación que a un botón de reinicio.
Preguntas frecuentes sobre el eje intestino-cerebro
¿Qué es el eje intestino-cerebro?
El eje intestino-cerebro es la red de comunicación bidireccional entre el sistema digestivo y el cerebro. Funciona mediante nervios, hormonas, señales inmunitarias, metabolitos y vías relacionadas con el microbioma.
¿Es real el eje intestino-cerebro?
Sí. Está respaldado por investigaciones sobre el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el microbioma, la señalización endocrina, las vías inmunitarias y la comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Las revisiones recientes lo describen como una interfaz central para la homeostasis y la salud.
¿Cómo se comunica el intestino con el cerebro?
El intestino se comunica con el cerebro mediante nervios, especialmente el nervio vago, y también mediante hormonas, señales inmunitarias, metabolitos y vías relacionadas con neurotransmisores que están moldeadas en parte por el microbioma.
¿Qué papel desempeña el nervio vago en el eje intestino-cerebro?
El nervio vago es una de las principales vías de comunicación entre el intestino y el cerebro. Sus fibras aferentes transportan información sensorial desde el intestino y otros órganos hasta el cerebro, y sus fibras eferentes envían señales reguladoras parasimpáticas de vuelta al cuerpo para ayudar a modular la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión y el tono inflamatorio.
¿Cómo afecta el microbioma al cerebro?
Los microbios intestinales pueden influir en señales relacionadas con el cerebro mediante metabolitos, actividad inmunitaria, vías relacionadas con neurotransmisores, señalización endocrina y efectos sobre la función de la barrera intestinal y la comunicación vagal.
¿Puede la salud intestinal afectar el estado de ánimo o la ansiedad?
Las investigaciones sugieren que las vías intestino-cerebro pueden influir en el estado de ánimo y la respuesta al estrés, y este ámbito se estudia detenidamente en la ansiedad y la depresión. El apoyo intestinal puede formar parte del bienestar mental, pero no debe sustituir el tratamiento de salud mental.
¿Puede el eje intestino-cerebro afectar la cognición o la niebla mental?
La investigación está explorando los vínculos entre la señalización intestino-cerebro, la inflamación, el sueño, la actividad inmunitaria y la cognición. La niebla mental puede tener muchas causas, pero la comunicación intestino-cerebro alterada puede ser un factor contribuyente en algunos casos.
¿Cómo se apoya el eje intestino-cerebro?
El enfoque más alineado con la evidencia es el apoyo a largo plazo mediante una dieta diversa, fibra, alimentos fermentados si se toleran, regularidad del sueño, movimiento, regulación del estrés y atención profesional cuando sea necesaria.
¿Puede ZenoWell Luna apoyar el eje intestino-cerebro?
ZenoWell Luna puede describirse como un dispositivo de bienestar para apoyar la relajación, la regulación del estrés, la meditación, la preparación del sueño y el equilibrio diario del sistema nervioso. No es un tratamiento para trastornos del eje intestino-cerebro, enfermedades de salud mental ni enfermedades digestivas. Dentro de una rutina más amplia, puede complementar hábitos que apoyan la regulación general.
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